En esta nueva aventura de conocer, comprender y -ojalá en un futuro cercano- adoptar, nuevos modelos de consumo alternativo, encontré esta iniciativa que me parece sumamente interesante.
Según su propio libro "The Secret Sauce" (se puede descargar el PDF en este link), a la fecha mueve una media de 6000 clientes semanales, ha generado una comunidad mundial de 15000 usuarios, ha brindado un puesto de empleo a 25 desempleados y sirve 700 comidas para llevar por semana.
The People's Supermarket funciona básicamente como una comunidad solidaria, cuyo principio es el empoderamiento de la gente. Para ser miembro de la misma y obtener sus beneficios, se cancela una cuota anual de 25 libras (US$ 40 aprox.) y se asume el compromiso de brindar 4 horas de trabajo al mes, lo que les permite ser "propietarios" de un supermercado autosostenible. A la fecha, según The Secret Sauce, el proyecto no es rentable, pero cubre sus propios gastos y se mantiene funcionando.
Se abastece a través de proveedores locales, que no pueden pagar las altas cuotas de ingreso a los supermercados tradicionales. Esta alianza permite al consumidor encontrar productos de los llamados "marca blanca", lo que garantiza una sana relación calidad-precio de la que todos se benefician.
Está situado en uno de los barrios más caros de Londres, lo que dificulta aún más su situación. Los altos alquileres del sector sacrifican una buena parte del ingreso, pero la comunidad de vecinos se mantiene fiel y comprometida con su subsistencia. Sin embargo, en febrero de este año, el gobierno les cobró un impuesto de negocio de 5,000 libras -sin opción a descargo de ningún tipo- porque las autoridades insisten en tratarlos como una gran corporación, a pesar de que no funcionan como tal.
Angustiados, pero creativos, implementaron una campaña de recaudación vía Twitter que les permitió reunir 7000 libras en cuatro días y cubrir con ello la exorbitante carga impositiva que adeudaban. Además, gestionaron el apoyo de Frederics Foundation que les proporcionó un micro crédito para absorber las pérdidas iniciales. Cabe preguntarse si con expectativas menos ambiciosas, podrían desarrollarse de mejor forma y evitar estos dolorosos tropiezos.
La diferencia cultural es clave: Park Slope la iniciativa que inspira a TPS, ubicada en New York no pasa por estas dificultades. Los miembros de la comunidad estadounidense, que también ascienden a 15000, parecen tener mejor poder adquisitivo y pagan una cuota anual más alta por el beneficio del 20% de descuento en la compra de sus productos. Además, el acceso a la cooperativa es cerrado para sus miembros, mientras que The People's Supermarket está abierto para cualquiera. Por supuesto, sin el beneficio del descuento que gozan quienes si cancelan sus cuotas.
En Guatemala, existen modelos de negocio similares: Price Smart, ClubCo y el desaparecido Comisariato del Ejército, lo que deja claro que este tipo de proyectos es posible en comunidades con nuestras características culturales. La diferencia es que estas grandes cadenas no contemplan bajar el porcentaje de sus ganancias para impactar favorablemente a la comunidad de la que se benefician.
El Ministerio de Agricultura organizaba los llamados Mercados del Agricultor, proyecto en el que tuve alguna participación. Esta iniciativa ubicaba a los productores en un sitio céntrico de la ciudad (Campo Marte o zona 6), proporcionándoles transporte para su mercancía desde sus comunidades, con subsidio gubernamental. Dos domingos al mes, la gente cercana a esos sectores podía comprar directamente al productor, sin pasar por la ganancia desmedida del intermediario, que es a veces mayor que la de quien produce. Sin embargo, no son esfuerzos sostenidos y las comunidades se ven beneficiadas de ello en forma intermitente.
El abastecimiento retail es básico, pero el sistema actual trabaja en contra del productor y del consumidor, beneficiando en un porcentaje mayor al intermediario. Proyectos como The People's Supermarket y Park Slope, otorgan el poder a la gente, lo que de por sí los convierte en modelos atractivos para replicar en nuestras propias comunidades. No puedo dejar de preguntarme qué pasaría si existiera un punto de comercialización retail dispuesto a comprar a precio justo los alimentos de pequeños productores, incapaces de pagar las altas cuotas de ingreso a las cadenas tradicionales y además, ofrecerlos con un margen de ganancia justo, a una comunidad que se compromete al funcionamiento del local que la beneficia.

